Para que abras los ojos, Colombia: Gaviria Díaz gana la Presidencia
El 7 de agosto, Carlos Gaviria Díaz se posesiona como Presidente de la República y en su discurso promete la cobertura de los derechos para todos los ciudadanos.
Posteriormente se dirige a su nueva residencia y ultima los detalles para la primera propuesta que radicará, al día siguiente, ante el Congreso: un referendo para determinar si ratifica o no el TLC con los Estados Unidos.
Efectivamente, muy cumplido, el nuevo gobierno radica el proyecto y comienza a trabajar en las reformas que debe hacer para cumplir sus promesas.
De repente, en una reunión de Gaviria con sus asesores económicos, se enfrenta a la primera realidad que el mundo virtual no le ha permitido ver:
- ¿Señor Presidente… de dónde va a salir la plata para poner a funcionar estas medidas?
Gaviria mira sereno a su interlocutor y piensa en esa frase cristiana de Dios proveerá… pero él es ateo y gobernar y conseguir inmensos recursos es un asunto terrenal.
Pasan los días y el proyecto de referendo se estrella con el estudio del TLC por parte del Congreso, tratado que debe ser ratificado o negado por Senado y la Cámara.
Entonces, Gaviria Díaz envía un mensaje de urgencia para que se agilice el estudio de su propuesta de referendo. El mensaje es recibido por el Presidente del Congreso, miembro del partido de la U.
Entonces, el Senador lee el documento y lo ubica en la gaveta de pendientes para despachar, en la que están centenares de cartas, documentos y peticiones para su estudio. Luego mira a uno de sus asesores y le comenta:
- Este país es de locos… ¿cómo se les ocurrió elegir a un Presidente que no tiene forma de gobernar? ¿Se les olvidó que el Congreso es de mayorías opositoras a Gaviria Díaz?
- Si doctor (responde el asesor): este país no tiene gobernabilidad con Gaviria en la Presidencia… pero deje así.
Después de un tiempo, la mayoritaria bancada opositora al gobierno logra la aprobación del TLC y lo envía a la Corte Constitucional.
Mientras tanto, el proyecto de referendo duerme el sueño de los justos: que los ponentes no han entregado sus decisiones, que faltan algunos estudios constitucionales, que no hay ponencias ni siquiera para las comisiones…
Sin embargo, las ponencias negativas sobre el referendo aparecen poco antes de terminar las sesiones ordinarias y solo alcanza a debatirse en una de las comisiones constitucionales. Al final, el proyecto es aprobado en la comisión de la Cámara, con miles de modificaciones como la prohibición de negociar un tratado andino bolivariano y otras arandelas más.
El tiempo se acaba… la Corte Constitucional aprueba el TLC y, como ya había sido firmado, sencillamente el Tratado queda ratificado y adherido a la ley colombiana.
Entonces, Gaviria Díaz aparece en televisión, anunciando que el TLC, pese a sus esfuerzos, es una realidad para Colombia. Sin embargo, anuncia que seguirá tratando de impulsar un referendo para que el pueblo decida.
Al día siguiente, los sindicatos anuncian un paro general: Las ciudades son inundadas por manifestantes protestando contra el TLC y en las manifestaciones comienzan a escucharse las primeras voces de crítica frente al gobierno, por haber sido incapaz de frenar el Tratado.
Mientras esto ocurre, Gaviria presenta una reforma tendiente a cambiar el modelo económico del país y regresar al control estatal de varios sectores nacionales. Pero esa reforma tampoco tiene apoyo: los medios atacan al Presidente por su ocurrencia, economistas de diferentes vertientes señalan las inconveniencias de dicha reforma y algunos sectores ya se muestran inconformes porque “el Presidente quiere que esto sea como Cuba y no señor… esto es Colombia”. En medio de una aplastante mayoría parlamentaria y de la crítica generalizada, el gobierno decide retirar el proyecto.
Nuevamente Carlos Gaviria aparece en televisión para informar que su reforma estructural económica no tenía ambiente en el Congreso y que espera mejores tiempos para volverla a impulsar.
Entre tanto, las FARC siguen con su escalada terrorista y durante el gobierno Gaviria han asesinado a decenas de militares y policías… también han muerto centenares de ciudadanos y la población civil ha sido la damnificada de esa escalada. Por esos días, Patricia Uribe de Noticias Uno, logra entrevistar a Raúl Reyes quien informa que “la estrategia de las FARC es hacer demostraciones de fuerza, antes y durante las conversaciones”. Además, asegura Reyes, “el pueblo tiene que saber que no son negociaciones de paz, sino diálogos exploratorios lo que quieren las FARC”.
Gaviria, desesperado por los acontecimientos de orden público, hace un nuevo llamado para sentarse a dialogar con el grupo insurgente. Ante el llamado, las FARC solicitan el despeje de cinco departamentos, concesión que el pueblo en masa rechaza de inmediato: aunque Gaviria Díaz se siente tentado a crear una nueva zona de despeje, sus asesores le indican que eso generaría un enorme descontento.
Ante esta situación, el Presidente decide enfocar sus esfuerzos al acuerdo humanitario. Varias semanas después Las FARC responden a la convocatoria y piden el despeje de Pradera y Florida en el Valle, pero la gobernadora de ese departamento se opone porque esos dos municipios son la retaguardia protectora para Palmira y Cali.
Sin embargo, Gaviria ordena el despeje de ambos municipios. Sin embargo, los nuevos grupos paramilitares del Valle, con los que él decidió romper cualquier proceso de acercamiento por considerar que la ley de Justicia y Paz era inconveniente para el país, toman posiciones en la zona y se producen cruentos combates en los que la población civil de ambos municipios decide desplazarse a Cali.
En pocos días, Pradera y Florida son dos pueblos fantasma. De ambas poblaciones salen presas del terror, cerca de 250 mil personas que llegan a Cali y se ubican en el estadio Pascual Guerrero, otras más en el coliseo Evangelista Mora y en otras sedes deportivas. La tragedia humanitaria es de enorme magnitud, tanto que ya la ONU y varias ONGs comienzan a cuestionar la decisión presidencial de despejar dos municipios para recuperar a solo 60 secuestrados.
La gobernadora Claudia Blum aparece en los medios y denuncia que el Presidente tomo la decisión en contra de su opinión y que es el gobierno central el que debe resolver la crisis humanitaria.
Cali se convierte en una ciudad de desplazados: parques y avenidas son ocupadas por los habitantes de Florida y Pradera. A ellos, poco a poco, se suman miles de desplazados provenientes de la zona rural de Palmira.
Ante los combates, las FARC anuncian que no están dadas las condiciones de seguridad y culpan al gobierno de ser ineficiente para otorgar las garantías correspondientes. Así mismo, Raúl Reyes hace un llamado urgente a Gaviria Díaz, para que retome el control y combata a los paramilitares.
Finalmente los diálogos no se dan y la zona se convierte en un enorme campo de batalla disputado entre las FARC y los paramilitares.
Nuevamente Gaviria Díaz aparece en televisión e informa que los diálogos fueron obstacullizados por las fuerzas oscuras del narcotráfico.
Al día siguiente se presenta la reunión para estudiar el presupuesto de la nación. Gaviria asiste entusiasmado y las primeras cifras lo hacen palidecer:
-Señor Presidente… de los 20 puntos esenciales para el gobierno, solo hay presupuesto para tres… ¿qué hacemos con los otros 17 puntos?
Gaviria piensa y contesta: ¡Subir impuestos!
- A ver señor Presidente… para financiar los otros 17 puntos se necesitaría, por lo menos, aplicar un IVA unificado del 10% para toda la canasta familiar y los servicios públicos. También necesitaríamos incrementar el impuesto de renta, subir el 4 por mil a 5 por mil y pedir una contribución especial para todos los patrimonios superiores a 40 millones de pesos. Además, tocaría estudiar otros impuestos para sectores específicos de la economía.
- ¡Pues que paguen los ricos!, responde Gaviria.
- No Presidente… estos impuestos afectan a toda la población.
- Como lo dije en mi campaña: la pobreza compartida es más llevadera…
En ese momento, el ministro de defensa entra a la oficina y le informa a Gaviria que los combates entre las FARC y los paramilitares se han extendido a diferentes zonas del país:
- Presidente… hay fuertes combates en Tierraalta, Urabá, Meta, Casanare y Vichada.
- ¿Y el Ejército? Pregunta Gaviria.
- Espera sus órdenes señor Presidente. Lo que pasa es que hay cerca de 100 mil desplazados de los últimos combates, más los del Valle… y los subversivos están utilizando a la población como escudos humanos.
La tragedia humanitaria es una avalancha, una bola de nieve del polo norte que amenaza al país. De los medios de comunicación, antes afines y amigos de Gaviria, salen aterradoras noticias sobre los combates y los desplazados.
Al día siguiente, CNN habla de los primeros brotes de una guerra civil en Colombia. En la tarde, la Bolsa de Valores de Colombia baja un 15% y la caída en picada se mantiene. Varios inversionistas deciden hacer maletas y la producción cae en picada.
Ante esa situación, el precio del dólar se ubica cerca de los 4 mil pesos y la hiperinflación hace su aparición, pese a los esfuerzos del Banco de la República, que llega a hacer dos subastas de dólares al día, para frenar la devaluación.
Poco a poco, el pánico financiero y las noticias provenientes de varias regiones llevan a muchos a abandonar el país: los principales aeropuertos se llenan de viajeros que buscan un tiquete para salir del país, mientras varias embajadas deciden cerrar sus consultados y se ordena que los funcionarios diplomáticos “tomen vacaciones” en sus países de origen.
Las noticias son aterradoras: los combates llegan ya a las goteras de Cali y en Medellín la situación es crítica, pues hay combates en las calles de varias comunas de la ciudad. La Fuerza Pública se declara impotente para contener la situación.
En esas condiciones, le dice un asesor a Gaviria Díaz, es imposible seguir impulsando un referendo, pues no hay garantías para el libre ejercicio de la democracia.
Con la devaluación y la hiperinflación desbordada, en algunos supermercados deciden no etiquetar los productos con precios, pues éstos pueden subir dos o tres veces en un solo día. De repente, los salarios no alcanzan y los hospitales entran en huelga, porque el gobierno central destinó las regalías para intentar contener la devaluación.
Esa operación, que no da resultado, impide que se giren las regalías para el sostenimiento del sistema de salud pública. A a huelga se suma el sector educativo, pues los maestros, como en los peores tiempos, no han recibido sus salarios.
Las principales ciudades son bloqueadas con manifestaciones y barricadas. El caos y la anarquía se toman algunos barrios de Bogotá, Bucaramanga, Pasto, Armenia, Pereira y Santa Marta.
Además, las principales vías del país son bloqueadas por los transportadores que protestan por los anuncios de un impuesto especial para el sector que se uniría al del patrimonio superior a 40 millones de pesos.
Ya en las ciudades intermedias comienzan a escasear los alimentos. En otras, los alcaldes ordenan el toque de queda que sirve de poco, pues ya en Cali y Medellín, las FARC y los paramilitares anuncian el control de localidades completas.
Se suspenden las clases en colegios y universidades, pero los estudiantes realizan esporádicas pedreas y en Bogotá, la administración local decide suspender el servicio de Transmilenio, pues varios buses fueron destruidos por las turbas enloquecidas y decenas de estaciones han sido arrasadas por los bándalos.
Mientras tanto, en el Congreso, los pocos senadores que quedan, piden la salida del Presidente, pues el país está sumergido en el caos. Paralelamente las FARC anuncian oficial que tienen el control del departamento del Putumayo y declaran el surgimiento de la República Bolivariana del Sur.
Pero, siguiendo la ley de Murphy, todo es susceptible de empeorar. El invierno comienza a cobrar las primeras víctimas y los damnificados claman por la ayuda del gobierno, que no llega.
- Señor Presidente… Atención de desastres informa que los recursos que tenía asignados ya los utilizó para atender a los desplazados de la guerra.
- Gaviria dice: ¡Déme soluciones!
- ¿Sin plata señor Presidente?
- Si… sin plata.
- No Presidente… la solución es convocar la ayuda internacional.
Sin embargo, el gobierno norteamericano ya había asumido una posición crítica y distante frente a lo que ocurría en Colombia. Mientras tanto Chávez, quien se había proclamado como solidario amigo de Gaviria y afirmaba que lo que estaba viviendo Colombia era culpa del anterior gobierno; se disculpa en el programa Aló Presidente indicando que no podía ayudar a la hermana república de Colombia y a su hermano del alma Carlos Gaviria, porque la CAN ya no existe y su país solo puede ayudar a los países miembros del ALBA.
Sin embargo, unas horas antes, Chávez había ordenado girar una importante partida para la República Bolivariana del Sur.
A su turno, ACNUR informa que la tragedia humanitaria en Colombia es de enormes dimensiones y un vocero de la organización afirma que la cifra de desplazados internos llega a 10 millones.
En la misma ciudad, Human Right Watchs asegura que en los enfrentamientos han muerto cerca de 250 mil colombianos, entre civiles y combatienes y que las ciudades más importantes de Colombia ya no están bajo el control del Estado.
Ante esta situación, Gaviria decide acogerse a la Conmoción Interior y ordena el despliegue de todas las unidades militares. Sin embargo, la falta de recursos impide la movilización de la mayoría de helicópteros y aviones del Ejército y de la Fuerza Aérea.
Desde el exterior, Juan Manuel Santos exige la renuncia del Presidente y la conformación de una junta de gobierno que saque al país de la crisis en la que se encuentra.
A esta voz se suma Gustavo Petro, quien desde Venezuela hace un llamado para que el “compañero Gaviria” de un paso al costado y permita conformar un gobierno provisional de reconstrucción nacional que permita recomponer el mapa político del país, iniciando conversaciones con la “hermana República Bolivariana del Sur.
Unas semanas más tarde, Colombia es un infierno. Las ciudades y pueblos de una gran parte del país, están en ruinas, después de los combates y en las calles, los colombianos que no pudieron salir del país, deambulan buscando alimento y abrigo.
Ante la situación, Gaviria convoca una reunión de emergencia con la cúpula militar en la que ofrece todos los recursos disponibles del Estado para que puedan operar.
Después de hablar y hablar, de prometer y prometer lo que no puede cumplir, el comandante de las Fuerzas Militares toma la palabra:
- Presidente: el gobierno no tiene cómo garantizarnos esos recursos, porque las partidas para el gasto militar fueron reorientadas a la atención de damnificados y desplazados. Mire Presidente: varias divisiones del Ejército están en rebelión y hay varias zonas del país en las que nos es imposible recuperar el control. Siete generales y sus unidades se unieron a los insurgentes y tendríamos que combatir no solo a las FARC y a los paramilitares, sino también a nuestras propias tropas.
El silencio se apodera de la sala de juntas. Gaviria pone sus manos en el rostro, frota la barba y luego toma sus gafas y con la corbata, remueve la grasa y el sudor que se ha deslizado desde su frente. Luego el militar rompe el silencio:
-Lo mejor, señor Presidente es que usted renuncie y nos deje a nosotros recuperar el control del país.
Gaviria palidece. Sus asesores, atónitos, no musitan palabra: un golpe de Estado se estaba dando y eran impotentes para enfrentarlo. El favor popular que tuvo Gaviria se había esfumado en poco tiempo y el descontento social era desbordado: el país era un caos y estaba irremediablemente fracturado.
Entonces, el Presidente Gaviria Díaz se niega a abdicar. Sus gestos tranquilos se transforman en un rictus de furia incontrolada.
Mientras tanto, los militares lo observan sin inmutarse. Después de improperios, culpas y sentencias, uno de los generales ordena que ingresen varios soldados y detengan al Presidente.
Gaviria Díaz mira a la puerta y espera que los soldados de Guardia Presidencial actúen de acuerdo a la costumbre… pero se quedan impávidos y miran a la nada.
Dos soldados se acercan a Gaviria Díaz, lo toman de los brazos y lo conducen al sótano del Palacio de Nariño. Allí, en una improvisada celda, recluyen a Gaviria Díaz, quien se sienta en el suelo y comienza a pensar… en aquella reflexión recuerda a su padre y decide imitarlo.
Unas horas después, los militares aparecen en televisión e informan que debido al caos institucional y a la crisis de gobernabilidad que vive el país, ellos han decidido tomar el control del gobierno y anuncian la conformación de un triunvirato de emergencia. A ese triunvirato han llamado a los doctores Juan Manuel Santos, Germán Vargas Lleras y César Gaviria Trujillo.
Unas semanas más tarde, los tres llamados llegan al país y asumen el compromiso de reconstruir a Colombia: ante un Congreso de mentiras (12 senadores y 15 representantes), asumen el gobierno provisional.
En su discurso, Juan Manuel Santos promete que reconstruirán lo que queda de Colombia, porque los departamentos de Putumayo y Nariño anunciaron ya su independencia del país y conformaron la República Bolivariana del Sur. También señala que los departamentos de La Guajira, Cesar, Córdoba, Atlántico y Magdalena anunciaron también su independencia y conformaron la República de Colombia Norte.
De igual forma, advierte, Antioquia y Chocó han ratificado la conformación de la República Federal de Antioquia.
En posteriores declaraciones a la prensa, en todos los casos, dicen los miembros del nuevo gobierno, las tropas y unidades militares han jurado lealtad a los nuevos Estados y han anunciado que defenderán las fronteras de las nuevas repúblicas.
Así, el triunvirato comienza la reconstrucción de lo que queda de Colombia. Unas semanas más tarde, aceptan las acreditaciones de los diplomáticos de los nacientes estados.
Dos meses después, un olor de podredumbre se aloja en el Palacio de Nariño. César Gaviria, desesperado, pide que se busque lo que huele mal.
Una empleada de Palacio observa por una ventanilla el interior de la celda del depuesto Presidente… abre los ojos y ve sin sobresaltos el cadáver en descomposición del fracasado mandatario.
Posteriormente se dirige a su nueva residencia y ultima los detalles para la primera propuesta que radicará, al día siguiente, ante el Congreso: un referendo para determinar si ratifica o no el TLC con los Estados Unidos.
Efectivamente, muy cumplido, el nuevo gobierno radica el proyecto y comienza a trabajar en las reformas que debe hacer para cumplir sus promesas.
De repente, en una reunión de Gaviria con sus asesores económicos, se enfrenta a la primera realidad que el mundo virtual no le ha permitido ver:
- ¿Señor Presidente… de dónde va a salir la plata para poner a funcionar estas medidas?
Gaviria mira sereno a su interlocutor y piensa en esa frase cristiana de Dios proveerá… pero él es ateo y gobernar y conseguir inmensos recursos es un asunto terrenal.
Pasan los días y el proyecto de referendo se estrella con el estudio del TLC por parte del Congreso, tratado que debe ser ratificado o negado por Senado y la Cámara.
Entonces, Gaviria Díaz envía un mensaje de urgencia para que se agilice el estudio de su propuesta de referendo. El mensaje es recibido por el Presidente del Congreso, miembro del partido de la U.
Entonces, el Senador lee el documento y lo ubica en la gaveta de pendientes para despachar, en la que están centenares de cartas, documentos y peticiones para su estudio. Luego mira a uno de sus asesores y le comenta:
- Este país es de locos… ¿cómo se les ocurrió elegir a un Presidente que no tiene forma de gobernar? ¿Se les olvidó que el Congreso es de mayorías opositoras a Gaviria Díaz?
- Si doctor (responde el asesor): este país no tiene gobernabilidad con Gaviria en la Presidencia… pero deje así.
Después de un tiempo, la mayoritaria bancada opositora al gobierno logra la aprobación del TLC y lo envía a la Corte Constitucional.
Mientras tanto, el proyecto de referendo duerme el sueño de los justos: que los ponentes no han entregado sus decisiones, que faltan algunos estudios constitucionales, que no hay ponencias ni siquiera para las comisiones…
Sin embargo, las ponencias negativas sobre el referendo aparecen poco antes de terminar las sesiones ordinarias y solo alcanza a debatirse en una de las comisiones constitucionales. Al final, el proyecto es aprobado en la comisión de la Cámara, con miles de modificaciones como la prohibición de negociar un tratado andino bolivariano y otras arandelas más.
El tiempo se acaba… la Corte Constitucional aprueba el TLC y, como ya había sido firmado, sencillamente el Tratado queda ratificado y adherido a la ley colombiana.
Entonces, Gaviria Díaz aparece en televisión, anunciando que el TLC, pese a sus esfuerzos, es una realidad para Colombia. Sin embargo, anuncia que seguirá tratando de impulsar un referendo para que el pueblo decida.
Al día siguiente, los sindicatos anuncian un paro general: Las ciudades son inundadas por manifestantes protestando contra el TLC y en las manifestaciones comienzan a escucharse las primeras voces de crítica frente al gobierno, por haber sido incapaz de frenar el Tratado.
Mientras esto ocurre, Gaviria presenta una reforma tendiente a cambiar el modelo económico del país y regresar al control estatal de varios sectores nacionales. Pero esa reforma tampoco tiene apoyo: los medios atacan al Presidente por su ocurrencia, economistas de diferentes vertientes señalan las inconveniencias de dicha reforma y algunos sectores ya se muestran inconformes porque “el Presidente quiere que esto sea como Cuba y no señor… esto es Colombia”. En medio de una aplastante mayoría parlamentaria y de la crítica generalizada, el gobierno decide retirar el proyecto.
Nuevamente Carlos Gaviria aparece en televisión para informar que su reforma estructural económica no tenía ambiente en el Congreso y que espera mejores tiempos para volverla a impulsar.
Entre tanto, las FARC siguen con su escalada terrorista y durante el gobierno Gaviria han asesinado a decenas de militares y policías… también han muerto centenares de ciudadanos y la población civil ha sido la damnificada de esa escalada. Por esos días, Patricia Uribe de Noticias Uno, logra entrevistar a Raúl Reyes quien informa que “la estrategia de las FARC es hacer demostraciones de fuerza, antes y durante las conversaciones”. Además, asegura Reyes, “el pueblo tiene que saber que no son negociaciones de paz, sino diálogos exploratorios lo que quieren las FARC”.
Gaviria, desesperado por los acontecimientos de orden público, hace un nuevo llamado para sentarse a dialogar con el grupo insurgente. Ante el llamado, las FARC solicitan el despeje de cinco departamentos, concesión que el pueblo en masa rechaza de inmediato: aunque Gaviria Díaz se siente tentado a crear una nueva zona de despeje, sus asesores le indican que eso generaría un enorme descontento.
Ante esta situación, el Presidente decide enfocar sus esfuerzos al acuerdo humanitario. Varias semanas después Las FARC responden a la convocatoria y piden el despeje de Pradera y Florida en el Valle, pero la gobernadora de ese departamento se opone porque esos dos municipios son la retaguardia protectora para Palmira y Cali.
Sin embargo, Gaviria ordena el despeje de ambos municipios. Sin embargo, los nuevos grupos paramilitares del Valle, con los que él decidió romper cualquier proceso de acercamiento por considerar que la ley de Justicia y Paz era inconveniente para el país, toman posiciones en la zona y se producen cruentos combates en los que la población civil de ambos municipios decide desplazarse a Cali.
En pocos días, Pradera y Florida son dos pueblos fantasma. De ambas poblaciones salen presas del terror, cerca de 250 mil personas que llegan a Cali y se ubican en el estadio Pascual Guerrero, otras más en el coliseo Evangelista Mora y en otras sedes deportivas. La tragedia humanitaria es de enorme magnitud, tanto que ya la ONU y varias ONGs comienzan a cuestionar la decisión presidencial de despejar dos municipios para recuperar a solo 60 secuestrados.
La gobernadora Claudia Blum aparece en los medios y denuncia que el Presidente tomo la decisión en contra de su opinión y que es el gobierno central el que debe resolver la crisis humanitaria.
Cali se convierte en una ciudad de desplazados: parques y avenidas son ocupadas por los habitantes de Florida y Pradera. A ellos, poco a poco, se suman miles de desplazados provenientes de la zona rural de Palmira.
Ante los combates, las FARC anuncian que no están dadas las condiciones de seguridad y culpan al gobierno de ser ineficiente para otorgar las garantías correspondientes. Así mismo, Raúl Reyes hace un llamado urgente a Gaviria Díaz, para que retome el control y combata a los paramilitares.
Finalmente los diálogos no se dan y la zona se convierte en un enorme campo de batalla disputado entre las FARC y los paramilitares.
Nuevamente Gaviria Díaz aparece en televisión e informa que los diálogos fueron obstacullizados por las fuerzas oscuras del narcotráfico.
Al día siguiente se presenta la reunión para estudiar el presupuesto de la nación. Gaviria asiste entusiasmado y las primeras cifras lo hacen palidecer:
-Señor Presidente… de los 20 puntos esenciales para el gobierno, solo hay presupuesto para tres… ¿qué hacemos con los otros 17 puntos?
Gaviria piensa y contesta: ¡Subir impuestos!
- A ver señor Presidente… para financiar los otros 17 puntos se necesitaría, por lo menos, aplicar un IVA unificado del 10% para toda la canasta familiar y los servicios públicos. También necesitaríamos incrementar el impuesto de renta, subir el 4 por mil a 5 por mil y pedir una contribución especial para todos los patrimonios superiores a 40 millones de pesos. Además, tocaría estudiar otros impuestos para sectores específicos de la economía.
- ¡Pues que paguen los ricos!, responde Gaviria.
- No Presidente… estos impuestos afectan a toda la población.
- Como lo dije en mi campaña: la pobreza compartida es más llevadera…
En ese momento, el ministro de defensa entra a la oficina y le informa a Gaviria que los combates entre las FARC y los paramilitares se han extendido a diferentes zonas del país:
- Presidente… hay fuertes combates en Tierraalta, Urabá, Meta, Casanare y Vichada.
- ¿Y el Ejército? Pregunta Gaviria.
- Espera sus órdenes señor Presidente. Lo que pasa es que hay cerca de 100 mil desplazados de los últimos combates, más los del Valle… y los subversivos están utilizando a la población como escudos humanos.
La tragedia humanitaria es una avalancha, una bola de nieve del polo norte que amenaza al país. De los medios de comunicación, antes afines y amigos de Gaviria, salen aterradoras noticias sobre los combates y los desplazados.
Al día siguiente, CNN habla de los primeros brotes de una guerra civil en Colombia. En la tarde, la Bolsa de Valores de Colombia baja un 15% y la caída en picada se mantiene. Varios inversionistas deciden hacer maletas y la producción cae en picada.
Ante esa situación, el precio del dólar se ubica cerca de los 4 mil pesos y la hiperinflación hace su aparición, pese a los esfuerzos del Banco de la República, que llega a hacer dos subastas de dólares al día, para frenar la devaluación.
Poco a poco, el pánico financiero y las noticias provenientes de varias regiones llevan a muchos a abandonar el país: los principales aeropuertos se llenan de viajeros que buscan un tiquete para salir del país, mientras varias embajadas deciden cerrar sus consultados y se ordena que los funcionarios diplomáticos “tomen vacaciones” en sus países de origen.
Las noticias son aterradoras: los combates llegan ya a las goteras de Cali y en Medellín la situación es crítica, pues hay combates en las calles de varias comunas de la ciudad. La Fuerza Pública se declara impotente para contener la situación.
En esas condiciones, le dice un asesor a Gaviria Díaz, es imposible seguir impulsando un referendo, pues no hay garantías para el libre ejercicio de la democracia.
Con la devaluación y la hiperinflación desbordada, en algunos supermercados deciden no etiquetar los productos con precios, pues éstos pueden subir dos o tres veces en un solo día. De repente, los salarios no alcanzan y los hospitales entran en huelga, porque el gobierno central destinó las regalías para intentar contener la devaluación.
Esa operación, que no da resultado, impide que se giren las regalías para el sostenimiento del sistema de salud pública. A a huelga se suma el sector educativo, pues los maestros, como en los peores tiempos, no han recibido sus salarios.
Las principales ciudades son bloqueadas con manifestaciones y barricadas. El caos y la anarquía se toman algunos barrios de Bogotá, Bucaramanga, Pasto, Armenia, Pereira y Santa Marta.
Además, las principales vías del país son bloqueadas por los transportadores que protestan por los anuncios de un impuesto especial para el sector que se uniría al del patrimonio superior a 40 millones de pesos.
Ya en las ciudades intermedias comienzan a escasear los alimentos. En otras, los alcaldes ordenan el toque de queda que sirve de poco, pues ya en Cali y Medellín, las FARC y los paramilitares anuncian el control de localidades completas.
Se suspenden las clases en colegios y universidades, pero los estudiantes realizan esporádicas pedreas y en Bogotá, la administración local decide suspender el servicio de Transmilenio, pues varios buses fueron destruidos por las turbas enloquecidas y decenas de estaciones han sido arrasadas por los bándalos.
Mientras tanto, en el Congreso, los pocos senadores que quedan, piden la salida del Presidente, pues el país está sumergido en el caos. Paralelamente las FARC anuncian oficial que tienen el control del departamento del Putumayo y declaran el surgimiento de la República Bolivariana del Sur.
Pero, siguiendo la ley de Murphy, todo es susceptible de empeorar. El invierno comienza a cobrar las primeras víctimas y los damnificados claman por la ayuda del gobierno, que no llega.
- Señor Presidente… Atención de desastres informa que los recursos que tenía asignados ya los utilizó para atender a los desplazados de la guerra.
- Gaviria dice: ¡Déme soluciones!
- ¿Sin plata señor Presidente?
- Si… sin plata.
- No Presidente… la solución es convocar la ayuda internacional.
Sin embargo, el gobierno norteamericano ya había asumido una posición crítica y distante frente a lo que ocurría en Colombia. Mientras tanto Chávez, quien se había proclamado como solidario amigo de Gaviria y afirmaba que lo que estaba viviendo Colombia era culpa del anterior gobierno; se disculpa en el programa Aló Presidente indicando que no podía ayudar a la hermana república de Colombia y a su hermano del alma Carlos Gaviria, porque la CAN ya no existe y su país solo puede ayudar a los países miembros del ALBA.
Sin embargo, unas horas antes, Chávez había ordenado girar una importante partida para la República Bolivariana del Sur.
A su turno, ACNUR informa que la tragedia humanitaria en Colombia es de enormes dimensiones y un vocero de la organización afirma que la cifra de desplazados internos llega a 10 millones.
En la misma ciudad, Human Right Watchs asegura que en los enfrentamientos han muerto cerca de 250 mil colombianos, entre civiles y combatienes y que las ciudades más importantes de Colombia ya no están bajo el control del Estado.
Ante esta situación, Gaviria decide acogerse a la Conmoción Interior y ordena el despliegue de todas las unidades militares. Sin embargo, la falta de recursos impide la movilización de la mayoría de helicópteros y aviones del Ejército y de la Fuerza Aérea.
Desde el exterior, Juan Manuel Santos exige la renuncia del Presidente y la conformación de una junta de gobierno que saque al país de la crisis en la que se encuentra.
A esta voz se suma Gustavo Petro, quien desde Venezuela hace un llamado para que el “compañero Gaviria” de un paso al costado y permita conformar un gobierno provisional de reconstrucción nacional que permita recomponer el mapa político del país, iniciando conversaciones con la “hermana República Bolivariana del Sur.
Unas semanas más tarde, Colombia es un infierno. Las ciudades y pueblos de una gran parte del país, están en ruinas, después de los combates y en las calles, los colombianos que no pudieron salir del país, deambulan buscando alimento y abrigo.
Ante la situación, Gaviria convoca una reunión de emergencia con la cúpula militar en la que ofrece todos los recursos disponibles del Estado para que puedan operar.
Después de hablar y hablar, de prometer y prometer lo que no puede cumplir, el comandante de las Fuerzas Militares toma la palabra:
- Presidente: el gobierno no tiene cómo garantizarnos esos recursos, porque las partidas para el gasto militar fueron reorientadas a la atención de damnificados y desplazados. Mire Presidente: varias divisiones del Ejército están en rebelión y hay varias zonas del país en las que nos es imposible recuperar el control. Siete generales y sus unidades se unieron a los insurgentes y tendríamos que combatir no solo a las FARC y a los paramilitares, sino también a nuestras propias tropas.
El silencio se apodera de la sala de juntas. Gaviria pone sus manos en el rostro, frota la barba y luego toma sus gafas y con la corbata, remueve la grasa y el sudor que se ha deslizado desde su frente. Luego el militar rompe el silencio:
-Lo mejor, señor Presidente es que usted renuncie y nos deje a nosotros recuperar el control del país.
Gaviria palidece. Sus asesores, atónitos, no musitan palabra: un golpe de Estado se estaba dando y eran impotentes para enfrentarlo. El favor popular que tuvo Gaviria se había esfumado en poco tiempo y el descontento social era desbordado: el país era un caos y estaba irremediablemente fracturado.
Entonces, el Presidente Gaviria Díaz se niega a abdicar. Sus gestos tranquilos se transforman en un rictus de furia incontrolada.
Mientras tanto, los militares lo observan sin inmutarse. Después de improperios, culpas y sentencias, uno de los generales ordena que ingresen varios soldados y detengan al Presidente.
Gaviria Díaz mira a la puerta y espera que los soldados de Guardia Presidencial actúen de acuerdo a la costumbre… pero se quedan impávidos y miran a la nada.
Dos soldados se acercan a Gaviria Díaz, lo toman de los brazos y lo conducen al sótano del Palacio de Nariño. Allí, en una improvisada celda, recluyen a Gaviria Díaz, quien se sienta en el suelo y comienza a pensar… en aquella reflexión recuerda a su padre y decide imitarlo.
Unas horas después, los militares aparecen en televisión e informan que debido al caos institucional y a la crisis de gobernabilidad que vive el país, ellos han decidido tomar el control del gobierno y anuncian la conformación de un triunvirato de emergencia. A ese triunvirato han llamado a los doctores Juan Manuel Santos, Germán Vargas Lleras y César Gaviria Trujillo.
Unas semanas más tarde, los tres llamados llegan al país y asumen el compromiso de reconstruir a Colombia: ante un Congreso de mentiras (12 senadores y 15 representantes), asumen el gobierno provisional.
En su discurso, Juan Manuel Santos promete que reconstruirán lo que queda de Colombia, porque los departamentos de Putumayo y Nariño anunciaron ya su independencia del país y conformaron la República Bolivariana del Sur. También señala que los departamentos de La Guajira, Cesar, Córdoba, Atlántico y Magdalena anunciaron también su independencia y conformaron la República de Colombia Norte.
De igual forma, advierte, Antioquia y Chocó han ratificado la conformación de la República Federal de Antioquia.
En posteriores declaraciones a la prensa, en todos los casos, dicen los miembros del nuevo gobierno, las tropas y unidades militares han jurado lealtad a los nuevos Estados y han anunciado que defenderán las fronteras de las nuevas repúblicas.
Así, el triunvirato comienza la reconstrucción de lo que queda de Colombia. Unas semanas más tarde, aceptan las acreditaciones de los diplomáticos de los nacientes estados.
Dos meses después, un olor de podredumbre se aloja en el Palacio de Nariño. César Gaviria, desesperado, pide que se busque lo que huele mal.
Una empleada de Palacio observa por una ventanilla el interior de la celda del depuesto Presidente… abre los ojos y ve sin sobresaltos el cadáver en descomposición del fracasado mandatario.
